La Capella de Santa Llúcia, la cana y las marcas de canteros; Barcelona


Al principio del carrer del Bisbe, viniendo desde la Plaça Nova de la Catedral y justo al traspasar la antigua muralla romana, se alza uno de mis edificios favoritos y a la vez, más singulares del centro de Barcelona: la Capella de Santa Llúcia. Esta capilla románica, antiguamente llamada de les santes verges o de les Onze Mil Verges (un nombre algo pagano, por cierto) fue mandada construir por el obispo Arnau de Gurb; sus obras concluyeron en 1268. Actualmente forma parte del edificio de la Catedral desde el cual se accede.

Los elementos que lo hacen especial son varios. En primer lugar, se trata de uno de los no más de 30 vestigios románicos que se encuentran dispersos por la ciudad. Pero, además, es una de las obras románicas mejor conservadas de la ciudad. El edificio es muy sencillo: su interior es reducido, con una sola nave cubierta por una bóveda de cañón apuntada; en el exterior, destacan la espadaña que corona la fachada, y la portada que consta de 4 archivoltas y columnas, capiteles e impostas, todo ello profusamente decorado. En los capiteles se conservan dos escenas figuradas: la Anunciación y la Visitación (lado izquierdo) y unos cuadrúpedos encarados (lado derecho); el resto está decorado con un repertorio vegetal y geométrico. También en el exterior y a la derecha, se puede apreciar los restos de una antigua puerta lateral (ver foto), hoy en día cegada, con un Cordero Pascual esculpido en el tímpano que sostiene una cruz y que representa a Cristo, una imagen común en el románico.

Además de su excepcional conservación, existen otros elementos que hacen de la Capella de Santa Llúcia un edificio muy particular. Si uno se detiene delante del muro lateral de la iglesia y afina bien la vista, descubrirá que en muchos de los sillares (piedras labradas que conforman el muro) aparecen unos símbolos tallados. Hay hasta 5 diferentes (ver fotos a continuación).

Se trata de marcas realizadas por los mismos canteros o por los maestros de obra (magister muri) que en la construcción de las iglesias románicas, eran los responsables de la obra. En las ilustraciones de la época se les suele representar con un bastón (virga). Las marcas permitían identificar a los maestros o como autores de la construcción de un edificio, o bien en la autoría de la talla de la piedra (en el caso en que participase más de un magister muri en la construcción, como ocurre en Santa Llúcia). Gracias a estas marcas (que eran auténticas firmas) los maestros o canteros podían reclamar su estipendio al patrono de la obra. Por otro lado, las marcas de canteros podían tener otros significados que trascendían lo evidente; significados sólo inteligibles para miembros iniciados en sociedades (casi) secretas, y de carácter laico, a las que se solían agremiar estos maestros. De hecho, se considera a los masones los herederos de estos gremios y sociedades medievales.

También en el exterior, en la misma esquina del edificio, existe otro curioso elemento que suele pasar desapercibido. Se trata de una moldura esculpida en la piedra: la cana barcelonesa. La cana es un resalte alargado, de sección semicircular, que supuestamente servía de referencia para la unidad de medida denominada cana destra barcelonesa, una medida territorial equivalente a 12 palmos. Cada palmo, a su vez, se subdividía en 12 minutos y cada minuto en 12 líneas. Todas estas subdivisiones estuvieron en su día marcadas en la piedra; sin embargo, el paso del tiempo las ha borrado. La presencia de esta unidad de medida grabada en la piedra parece responder a la costumbre que tenía el antiguo Consell de Cent de la ciudad de exponer, en lugar público y en material imperecedero, los patrones de medidas para que éstas pudieran ser consultadas por compradores y vendedores, tratando así de reducir las constantes disputas que se producían en las compra-ventas. Asimismo, y para prevenir los abusos en el uso de los pesos y medidas, la administración municipal creó la figura del mostassaf, documentado ya 1339 y hasta 1715, el cual ejercía control administrativo en los mercados.

Por último, en la fachada, justo a la izquierda de la cana, puede leerse la inscripción: "a dues canas lo pou” (ver foto), la cual hace referencia a un pozo que se encontraba a dos canas de distancia, pero que no debía ser visible, al encontrarse (probablemente) en el patio del Palacio Episcopal, justo al lado de la Capilla, el cual también cuenta con una galería románica de la misma época del obispo Arnau de Gurb (ver foto de más abajo).

En resumidas cuentas, a todos los que tengáis oportunidad de pasear por el centro de Barcelona, os recomiendo deteneros 5 minutos admirando este magnífico edificio que posiblemente os haya pasado desapercibido y que es una verdadera joya de nuestro patrimonio.


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2 Comentarios:

22 de diciembre de 2008, 23:20 La eterna centinela dijo...

Me ha encantado este artículo, me ha llevado 15 años atrás cuando, de mano del que, por aquel entonces, era mi novio, me recorría todo el casco antiguo escuchando historias y curiosidades como las que tú has escrito en tu artículo. Es como una ciudad dentro de otra ciudad que está esperando ser descubierta.

Estas historias y entresijos hacen que me sienta especial de vivir aquí, en Barcelona. Gracias por ayudarme a descubrirla un poquito más.

22 de agosto de 2012, 21:42 Miss Pili dijo...

Muchas gracias por compartir estos conocimientos.
Pili Biarge
www.cuadernodemaestra.com