El matrimonio, en catalán y en castellano


¿Podría decirse que el catalán es un idioma más progresista que el castellano? O bien, ¿es la Real Academia Española una entidad homófoba? Supongo que ni tanto, ni tan calvo; sin embargo, a veces me invaden las dudas a juzgar por los hechos.

El pasado viernes 9 de enero, el Institut d’Estudis Catalans (IEC) que es la institución lingüística para el idioma y cultura catalanas, cuyo ámbito de actuación se extiende a Cataluña, Rosellón (Francia), Baleares, Valencia y algunas comarcas de Aragón y Cerdeña (Italia), es decir, el órgano equivalente a la Real Academia Española (RAE) para el castellano, ha llevado los matrimonios homosexuales a su diccionario, adaptando la definición de este concepto a la Ley de matrimonios aprobada en 2005 por el Gobierno del PSOE. De esta forma, la nueva edición del diccionari de la llengua catalana recogerá como definición de matrimonio la “unión legítima entre dos personas” y no ya “entre un hombre y una mujer”, como se leía hasta ahora.

Una vez más, las instituciones que regulan la lengua catalana se han vuelto a adelantar en la adopción y definición de vocablos desde una óptica no discriminatoria. Esta adecuación de la lengua catalana a sensibilidades sociales que durante siglos han venido siendo discriminadas sistemáticamente, se viene practicando de manera eficaz, en los últimos tiempos. Una verdadera modernización social de la lengua. Y no sólo en lo que respecta a los derechos de gays y lesbianas, sino también en otros ámbitos como la identidad de género, o el uso de un vocabulario no sexista. Y además, no es únicamente el IEC que practica esta política, sino también otras instituciones lingüísticas como la Enciclopedia Catalana, la cual, por ejemplo, define en su diccionario el término “gai” como: “homosexual que se reconoce como tal y que reivindica sus derechos”. Para mí la definición perfecta de esta palabra.

Al otro lado, nos encontramos con el castellano, la RAE y las trabas que esta institución pone a que ciertos avances sociales se plasmen en la lengua reglada. La RAE no parece, a priori, una institución anquilosada o alejada del hablar del vulgo. Su esfuerzo en adecuarse a los nuevos tiempos tiene claros ejemplos que se reflejan en el reconocimiento de vocablos como “Internet”, hace nada menos que 5 años, o más recientemente los vocablos “abrefácil" o "salvapantalla". Tampoco han tenido demasiados problemas en aceptar un vulgarismo (o garrulismo), como “asín”. Pues sí, como lo ves, ahora resulta que está en el diccionario. Pero al tanto, pues las innovaciones (o extravagancias) de estos ilustres guardianes de la lengua castellana acaban al abordarse temas como el reconocimiento de matrimonios del mismo sexo o del vocabulario no sexista, conceptos que poseen otras implicaciones.

Actualmente, el matrimonio es definido por el diccionario de la RAE como: “Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. Para a continuación, en una segunda entrada definirse como: “En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia”. Leyendo esto, la cosa empieza ya a esclarecerse. ¿Tan estridente resultaría definir el matrimonio simplemente como “una unión entre dos personas” para inmediatamente después, poner la entrada al respecto de la definición Católica? O bien, ¿no podría eliminarse del diccionario de la lengua una definición que atañe únicamente a esta institución y a sus adeptos (y no a todos)? Cualquiera de las dos cuestiones planteadas podría fácilmente aplicarse y solucionarse al fin la polémica. Sería sencillo, de no haber otros intereses en liza. Y es que el problema de definir el matrimonio como realmente es, en este país, desde hace ya 4 años (o sea, una unión legal entre dos personas -sin importar el sexo-), es que esta definición va en contra de lo que opina un nutrido grupo de ilustres miembros de la RAE. No nos engañemos, ni disfracemos la realidad. Para ellos el matrimonio es lo que era, y no lo que es. Y no sirve de nada que dilaten un proceso argumentando que “no hay prisa en hacer cambios en ciertas definiciones” cuando éstas que causan indefensión o quebrantan derechos civiles.

Cambiar las definiciones en un diccionario no es una cuestión baladí. La inclusión de un vocablo en el diccionario permite regularizar la palabra, constatándose usos lingüísticos o reglándose definiciones jurídico-políticas o sociales, como en el caso que hoy os estoy planteando. De este modo, al referirnos a la palabra “matrimonio” y a la Ley de 2005 que contempla los matrimonios entre personas del mismo sexo, la cuestión va más allá de lo folclórico o lo cultural, para adentrarse de pleno en el campo de los derechos de las personas.

Es por ello que no es justificable que esta Institución que regula el idioma castellano se mantenga al margen de este tema; o peor, lo obstaculice, indefinidamente, en espera de tiempos mejores... Y es que da la sensación que entre sus miembros se abriga la esperanza de que esta ley venga derogada por un nuevo gobierno del PP, poniéndose fin a este debate que, para ellos, que para estos asuntos adolecen de cierta casposidad galopante, resulta especialmente incómodo. Es por eso, y no por otra cosa, que no quieren recogerla en el diccionario; simplemente porque creen que la ley aprobada por el Gobierno de Zapatero no le sobrevivirá. Este argumento no es nuevo, y vengo oyéndolo desde el mismo día en que se aprobó la ley. Verdaderamente me empieza a fastidiar que tanta gente opine lo mismo acerca de los matrimonios del mismo sexo y de su inminente modificación cuando el PP restaure la España Una y Grande…Sólo puedo decir que eso ya lo veremos cuando llegue, si es que Mariano llega.

En resumidas cuentas, me parece bien que la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) haya reclamado a la RAE que haga lo mismo que ha hecho el IEC y que además, lo haga sin más demoras (y yo añadiría, sin excusas). Yo también me sumo a esta exigencia; aunque sugeriría a la FELGTB que no malgaste demasiadas energías en esta cuestión, pues la RAE puede resultar un hueso duro de roer, sobre todo, si para roerlo necesitamos retirar las toneladas de caspa que sepultan el edificio y a un nutrido grupo de sus ilustres miembros.




5 Comentarios:

15 de enero de 2009, 0:38 Jachsper dijo...

...¿quizás seremos menos homófobos que los castellanos?... o ¿más progresistas?...sin lugar a dudas, nuestra situación geográfica favorece que volvamos a estar de nuevo por delante en cuestiones de aceptación e igualdad de las personas. Lamentablemente, sea cual sea la causa, ya tenemos un motivo más para que seamos nuevamente criticados por el resto de España...

15 de enero de 2009, 9:36 Vador dijo...

¿Por qué siempre los intereses "partidistas" aparecen por delante de los intereses sociales?
Estos políticos y dirigentes de nuestras "instituciones" deberían recoger las distintas sensibilidades de la sociedades y así enriquecernos todos.
Felicidades por el "post".
Un saludo

Vador
http://vador.es
http://14blogs.com

15 de enero de 2009, 21:14 Juan Carlos López dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
15 de enero de 2009, 21:20 Juan Carlos López dijo...

Suscribo buena parte de lo que dices. Sin embargo, me gustaría añadir que establecer diferencias de este tipo entre lo catalán y lo castellano es un tópico. Como tópico, evidentemente, tiene quizá algo de cierto; pero insistir de manera superficial en él conduce a poco.

Como dices, la política del IEC, encomiable por lo menos desde este punto de vista, "se viene practicando de manera eficaz, en los últimos tiempos". En los últimos tiempos... También es cierto que cabría esperar de la RAE algo parecido.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que el acercamiento de la RAE a, por ejemplo, los cambios lingüísticos producto de la revolución digital son de hace nada. Hay que tener en cuenta, asimismo, que es una institución a la que le ha costado mucho adaptarse y renovarse, aunque esto no justifica la, como dices, "casposa" actuación de la RAE en relación con la palabra "matrimonio".

Vayamos al fondo del asunto. ¿El uso del lenguaje refleja la mentalidad o el pensamiento? Parece discutible, pero soy de los que creen que esto es así. No hay contradicción con lo que digo arriba acerca del tópico, pues conviene recordar que el castellano es utilizado por cerca de quinientos millones de personas. Para que se me entienda mejor, pudiera pensarse que el castellanoparlante español sea más retrógrado. Con todo, no veo, por ejemplo, a un peruano o a un chileno aceptando en su fuero interno la acepción que de "matrimonio" se recoge ya en los diccionarios catalanes. ¿Que el peso de lo español es enorme todavía en la RAE? Cierto. Y es por eso que habría de exigirse a nuestros casposos fueran más decididos a la hora de renovar en profundidad el léxico en estas cuestiones.

Cabría preguntarse, siguiendo el hilo de las anteriores ideas, si la renovación que propugna el IEC responde a un cambio real de mentalidad o no es, también, una decisión teñida de política.

Hechas las salvedades, te felicito por tan interesante entrada.

15 de enero de 2009, 22:30 La eterna centinela dijo...

Porque soy persona que cumple su palabra, aqui dejo mi comentario y mi opinión sobre tu artículo:

Últimamente se habla mucho de la lengua, quizás ese es su fin, hablar, opinar pero, al fin y al cabo, no entiendo porque algo que debe unirnos, siempre termina por separarnos. El otro día escuché en la radio un debate sobre las polémicas declaraciones de una política catalana sobre el acento andaluz, ahora este artículo nos informa sobre la modificación por parte de la IEC en la definición de una palabra, pero no por la RAE...no sé, siempre he pensado que el lenguaje es algo vivo, algo que avanza junto a nosotros, ni por delante ni por detrás, pero parece ser que ciertas instituciones y/o personas no piensan así. En fin, que cabe esperar de un organismo como la RAE donde, si no tengo mal entendido, solo hay una o dos mujeres que formen parte de él...