Apus, tus desconocidos vecinos. Vencejos comunes (falciots) y vencejos reales (ballesters).

Vinculamos la primavera y el inicio del verano a un sinfín de imágenes características. En Barcelona, por ejemplo, a partir de mayo se produce una explosión de color, con el reverdecer de los miles de árboles de alineamiento. Una explosión multiplicada por la mayor cantidad de horas de luz solar. Me vienen a la cabeza otras muchas imágenes: la playa, las flores, el color cangrejo de los turistas, etc. Sin embargo, cuando pienso en sonidos primaverales, la cosa cambia. Me bastan sólo dos sonidos, para tener la certeza de encontrarme en esta época del año. Son los cantos que emiten las 2 especies de vencejos que conviven con nosotros, en nuestras ciudades, en nuestros mismos edificios; una convivencia que a menudo pasa desapercibida para la mayoría de nosotros, preocupados como estamos en no llegar tarde adonde sea, siempre mirando al suelo. Para otros, sin embargo, la llegada y partida de los vencejos es un hito en nuestro calendario que nos informa del inicio y el final de las dos grandes estaciones del año: la invernal y la estival.

Año tras año apunto la primera vez que escucho el característico sriiiir de los vencejos comunes (apus apus, en catalán falciot negre, ver foto). Este año fue cerca de casa, en el parque del Putget, una tarde de principios de abril. Me crucé con una bandada en migración activa hacia el norte. En Barcelona, además tenemos la suerte de contar con otro característico canto que se impone majestuosamente al sriiiir de los falciots. Es el canto emitido por los vencejos reales (apus melba, en catalán Ballester). Su canto consiste en una serie de notas gorjeantes y prolongadas que generalmente tiende a ralentizarse bajando un poco al final; algo así: ti titititititititi ti ti tü tü. El Ballester es mi ave favorita. Es inconfundible por su gran tamaño (mayor que el falciot) y por tener el vientre blanco. Este es el sonido típico de Barcelona, y de otras muchas ciudades españolas (aunque los ballesters están sólo presentes en las comunidades autónomas mediterráneas y atlánticas) desde abril hasta agosto. Sin duda, el sonido del buen tiempo, de los días de sol y de las tardes de paseos y terracitas.


Los vencejos son aves del género apus. En ellos todo es pura aerodinámica, estando “diseñados” casi en exclusiva para volar. Tanto es así que dentro del género apus se encuentran los animales más veloces de la tierra. Al Ballester (ver foto), por ejemplo, le corresponde el honor de ser el animal más rápido de Europa, pudiendo alcanzar incluso los 250 Km/h y hacer cambios bruscos de dirección a esa velocidad. Los apus se alimentan de insectos que consumen ávidamente atrapándolos al vuelo. Aquellos que eligen los edificios de nuestras ciudades para hacer sus nidos, se desplazan sin problemas a grandes distancias para alimentarse, incluso en época de cría, yendo y viniendo todo el día. No los busquéis posados en cables, como hacen las golondrinas (especie con quien la gente suele confundirlos), pues no dejan de volar salvo para entrar en los nidos. De hecho a veces descansan en vuelo en las capas altas de la atmósfera. Esto se debe a que sus cortas patas no les permiten posarse y además dificultan sobremanera su movilidad en el suelo. A continuación podéis ver este vídeo que muestra las dificultades para acertar con la entrada a casa…



Ballesters y falciots (en catalán sus nombres tienen que ver con sus formas: de ballesta y guadaña, por eso, por su sentido gráfico, me encanta usar estos términos) están íntimamente ligados a nuestras ciudades. Fuera del ámbito urbano pueden anidar en acantilados, precipicios, casas dispersas o incluso árboles, pero en ciudad son mucho más abundantes y los veréis en los agujeros dejados por las tejas, en respiraderos de bóvedas de las paredes de ladrillo de edificios, o en cualquier otro escondrijo adecuado. Se emparejan de por vida y año tras año regresan al mismo sitio donde volverán a reconstruir su nido.

FOTOS: 3 imágenes de vencejos comunes en el cielo del barrio de Gràcia de Barcelona (Bonavista con Torrent de l'Olla) y Chueca de Madrid (Pelayo, foto inferior). Haced click sobre ellas para agrandarlas.

En junio, a primer a hora de la mañana, resulta todo un espectáculo caminar y ver las bandadas de falciots plagadas de jovenzuelos que dan sus primeras lecciones de vuelo. En Barcelona, uno de los mejores sitios para disfrutar de su observación es el barrio de Gràcia. Si por el contrario queréis observar ballesters, os recomiendo los barrios altos de la ciudad. Lesseps, el Putget, el Parc Güell y la Plaça Molina son sitios muy adecuados a últimas horas de la tarde. Precisamente en Avenida República Argentina, 80 (ver foto), hay una interesante colonia de ballesters que anida en lo alto de la pared del edificio que para ellos debe hacer las veces de acantilado. Es una colonia que vengo siguiendo año tras año y que actualmente cuenta con dos nuevos nidos, quizá un signo de la cada vez mayor presencia de esta especie en la ciudad, cuyas cifras se estiman en unas 200.000 parejas en Europa y unas 8.000 en Catalunya.

Como la de muchas aves, la historia de los vencejos me resulta fascinante. Sus migraciones, tal vez insertas en su código genético, les llevan a desplazarse 2 veces al año a través de miles de kilómetros. Así desde julio, y más acusadamente en agosto y principios de septiembre, los falciots abandonan nuestras ciudades. Los ballesters lo hacen más tarde, en octubre, y con su partida la ciudad queda a merced de los ruidos del tráfico. En su travesía superarán el Sáhara, para dejarse caer más allá del Ecuador, donde continuarán viviendo en un eterno verano, donde abunde el alimento que les permitirá sobrevivir, mientras Europa está a merced del frío. No habrá fronteras que impidan este viaje, ni gobiernos obtusos que puedan evitar este trasiego norte-sur-norte que año tras año mueve a millones de seres vivos a lo largo y ancho del Planeta.

Del mismo modo, en los últimos días del verano meridional, los vencejos empezarán a acumular grasa para su viaje de regreso. De nuevo, un buen día de marzo (quizá un día seleccionado al azar, quizá genéticamente) se iniciará el maravilloso viaje de retorno que traerá de vuelta a casa a nuestros queridos vecinos y compañeros de amanecer y atardecer. No todos volverán, sólo los que hayan sobrevivido a las cacerías indiscriminadas (a veces simplemente para coleccionar anillas, como en el caso de las golondrinas, del que ya os hablaré), las duras travesías, los depredadores y mil y una contingencias más. Como cada año, les estaremos esperando con ansia y junto a ellos, participaremos del mágico ritual de bienvenida a una nueva primavera.

13 Comentarios:

4 de julio de 2009, 13:51 Juan Carlos López dijo...

¡Viva! Otra de pajaritos.

En Madrid, obviamente, se ven vencejos comunes. En algunas zonas, también golondrinas y aviones.

Me gusta seguir las evoluciones de los vencejos a la caída de la tarde sentado en una terraza. Y oír su algarabía.

4 de julio de 2009, 13:58 Santi dijo...

Sí, fíjate que una de mis fotos es de Madrid. Lástima que no tengáis vencejos reales, entonces sí que ibas a disfrutar de la maestría aérea. Son tan rápidos...

4 de julio de 2009, 19:07 Juanjo dijo...

Eres el hombre de las mil facetas... Estos post de pajaritos me encantan.


Un saludo.

4 de julio de 2009, 20:57 Jose dijo...

Me ha encantado esta entrada. En Córdoba hay por MILES en todos lados, y a veces causan desperfectos, pero la verdad que forman parte del paisaje.

Un abrazo desde el sur.

5 de julio de 2009, 11:11 Santi dijo...

Sí, Juanjo pero no son tantas cosas las que gustan tanto, no te creas... José, gracias por el comeentario. Las 2 veces que he estado en Córdoba me ha llamado la atención la cantidad de aves que se ven. Recuerdo los miles de grajillas y haber visto en los islotes del río calamones comunes, en Cataluña una rareza aunque ahora ya se vn más. Besos

5 de julio de 2009, 11:21 Juanjo dijo...

Pues a mí suele gustarme todo lo que escribes, y no es peloteo barato.

Buen domingo.

5 de julio de 2009, 12:11 ANITA dijo...

Como me ha gustado el post, que cantidad de cosas por saber de estos pájaros, si es verdad que siempre identificamos la llegada del buen tiempo por sonidos en la naturaleza.
Y vemos cantidad de pájaros surcando el cielo y no te paras a pensar,si están siempre vienen o van y como viven. Es alucinante y sobre todo que en las ciudades encuentren comodidad. Preciosa información.
Un abrazo Santi

5 de julio de 2009, 23:06 Lille Skvat dijo...

Veo que al final te has decidido a escribir sobre tu otra pasión :-)

Incluso siendo originariamente de Madrid, allí en la casa de mis padres todos los años tienen la visita de los vencejos comunes (creo yo que serán). Viven en el muro de la casa entre los dos edificios.

Por cierto que te encantaría Dinamarca. Aquí hay muchas aves.

Un abrazo.

5 de julio de 2009, 23:36 marqus dijo...

Qué entrada más bonita. Gracias, yo soy un amante de los vencejos y soy de los que no van precisamente mirando el suelo en esta época. Me llaman mucho la atención esos vuelos en círculo que repiten una y otra vez en bandada. Antes vivía junto a una iglesia y no usaba despertador; prefería su canto.

Ahora vivo en el último piso del bloque y tengo justo sobre una de las ventanas de mi habitación varios nidos. Hay un pajarillo (que yo juraría que es el de la segunda foto pero más pequeño) con el que me quedo al atardecer embobado en la terraza. A veces pasa tan cerca de mí que reacciono y me retiro. A ver si una tarde lo grabo y, si se ve bien, lo subo a youtube para que lo veas.

Besos!

5 de julio de 2009, 23:59 Francisco Galván dijo...

Bonito post, Santi. Aquí en Madrid nos devoran las palomas durante todo el año. Sus cagadas lo invaden todo. Aunque imagino que las hay en todas partes.
Es curiosos porque si sigues mirando el cielo verás que en un momento determinado, a la caída de la tarde, los murciélagos sustituyen a los vencejos y debido a la falta de luz al vuelo casi espasmódico que ambos tienen, se confunden

6 de julio de 2009, 9:23 Sílvia dijo...

Me encantan tus post sobre fauna urbana, me recuerdan que ni estamos tan solos ni tan desconectados de la naturaleza. Los vencejos (siempre juré que eran golondrinas) me acompañan de buena mañana y entre el fresquito y el griterío que se llevan, son la mejor manera de empezar el día

6 de julio de 2009, 15:05 Santi dijo...

Me alegro que os hay gustado y que algunos hayáis redescubierto a los vencejos, que no golondrinas ;-)) Gracias Juanjo de nuevo. Anita, pues donde tú vives, en la provincia, es donde más aves se pueden ver en época de paso. Marqus creo que la versión mini del ballester a que te refieres sea un avión común (Delichon Urbica)típico en las ciudades medianas y pueblos (aquí en Barcelona no se ven, al menos por mis barrios. Francisco aquí también se ven murciélagos. Yo distingo 2 especies pero diría que hay alguna más (eso sin contar con los vampiros, sobre todo los que van de rojo -estos tienen un especimen albino- y de lila-malva).
Ay, Silvia, pues sí y qué ganicas tengo ya de que me quiten el andamio éste (que por la pasta que dan los anuncios, no lo quitarán en la vida) para ver a mis falciots, mis ballesters y mis xoriguers...

6 de julio de 2009, 21:20 Markos dijo...

Me ha encantado.
Siempre me han gustado los vencejos, y observar la altura que tomaban mientras se ponían morados de mosquitos para avanzar el tiempo (altas presiones, bajas presiones) o verles hacer vuelos a ras de suelo cuando amenazaba tormenta.
Ahora, desde el ventana de la cocina puedo ver unos cuantos nidos y disfruto de sus acrobacias diariamente.
Salu2