La semana pasada estuvimos de viaje en Roma, esta vez con mis padres. Era un viaje pensado mucho tiempo atrás, hace como 5 años. Vaya que muy esperado. La adversidad ha querido que cogiera el peor catarro de la historia de mi vida, un cóctel de anginas, rinitis aguda, otitis aguda en los 2 oídos, conjuntivitis y la empecinada fiebre que a pesar de que en mi cuerpo parece un centro experimental de Farmaindustria remite lentamente. Pero de lo que quería hablar no es ni de enfermedades, ni del bonito viaje del que por cierto dejo una foto…
Dos gaviotas pati-amarillas, en català gavià argentat de potes grogues y en latín larus michahellis posando con el Coliseo de fondo.
Lo que quería contar aquí es que nos fuimos en un día curioso, el lunes 30 de marzo, uno de esos días en que a uno le apetece escribir algo a pesar de que sepa que con ello puede quebrantar la orden de alejamiento de Internet que tiene auto-impuesta. Pero ese lunes fue uno de esos días en que alguien como yo no podía por más que sonreír ante tres noticias que se dieron a conocer. Una sonrisa de esas que proceden de sentimientos primarios relacionados con emociones tales como la venganza o la simple alegría.
RICKY MARTIN.

En fin, al final ha resultado que el más patético de los homosexuales armarizados mediáticos, o como diría un amigo, emboscados, ha sido valiente y ha dado el paso algo que no pueden decir muchas, ni muchos. Supongo que quizá se habrá cansado de chantajes, o a lo mejor ha sido influido por la campaña “GIVE A DAMN” en la que actores y cantantes anglo-americanos animan a involucrarse a favor de los derechos LGTB, para evitar, por ejemplo, agresiones homófobas y transfobas, que los adolescentes LGTB sean echados de sus hogares o que gays y lesbianas sean expulsados del Ejército de los EEUU si se descubre su homosexualidad, etc.:
O tal vez, Ricky Martin, simplemente quiera vivir en paz su propia vida con quien le dé la gana aunque esto no le vaya a resultar fácil a partir de ahora. No en vano le espera una reducción de ingresos, un aluvión de críticas, problemas de todo tipo y hasta agresiones que seguro que las habrá de alguna homófoba o meófoba quinceañera. En adelante, haga lo que haga y diga lo que diga todo será diferente porque antes que cantante mediocre será Gay, marica, bujarra. Es por ello que espero que tenga algún recuerdo para todos aquellos chicos y chicas adolescentes latinoamericanos que en su día a día viven bajo el estigma de la peste de su homosexualidad. A mí, en particular, me gustaría que llevara su vida de una forma tranquila y que hablara de su sexualidad con frescura, naturalmente, cuando tocara, y no en debates absurdos tipo faranduleo o analítico-psicológicos que también los hay. Espero, eso sí, que tampoco se convierta en un Jesús Vázquez que de estar imputado en el Caso Arny se ha convertido en Embajador de la UNESCO, o lo que es lo mismo, una versión mundana de las Drags de “A Wong Foo” que en cierto momento de la película se las tilda de ángeles, sin sexualidad, por supuesto. Vamos que espero que Ricky Martin tenga una vida sexual y no sea otro ángel más, salido del armario, que de esos ya está el cielo copado.
En resumen, una lección para Tiziano Ferro, Tom Cruise, Zachary Quinto y tantos otros que han hecho del anuncio de IKEA su enseña y su bandera y reinventan su vida diario. Y es que cuando se tiene lo bastante como para vivir 100 vidas y no necesitar tirar un currículum nunca jamás, hablar abiertamente de tu homosexualidad tampoco debería importar demasiado. Seguro que más difícil lo tiene un adolescente de Valencia de padres católicos y votantes del PP.
JAUME COLLBONI.

Así pues, me atrevería a decir que hoy por hoy la política catalana ha superado el cleavage homosexual-heterosexual, un cleavage digamos que minoritario, aunque para mí siempre haya sido algo indiscutible a la hora de dar mi voto a un partido. Los derechos LGBT no se discuten salvo para avanzar y en un contexto técnico y no de debate social. Esa es la principal novedad del panorama actual y en ese contexto que Jaume Collboni sea gay es de por sí algo intrascendente. La primera línea de la política catalana ya no necesita más ruedas de prensa como la que dimos aquella tarde-noche de octu

NICHI VENDOLA.
Para celebrar la tercera noticia de aquel lunes, hubo que aguardar a la noche, cuando Nichi Vendola, candidato de las listas de izquierda en la región italiana de Puglia (Apulia), era confirmado como ganador de las elecciones y, por tanto, reelegido Presidente. La victoria de Vendola fue una de las escasas buenas noticias que tuvo la noche electoral de las elecciones regionales italianas. Al contrario que con Collboni, que Vendola, líder del partido Sinistra ecologia e libertà, partido de raíz eco-comunista y a la izquierda del PD, sea gay, no es una cuestión baladí. Nichi Vendola es un personaje querido en su región, con una proyección carismática. Pero ante todo es militante LGBT. Su activismo le llevó a impulsar la Liga Italiana para la Lucha contra el Sida y a ser uno de los fundadores de Arcigay. Pese a que para el Vaticano sea poco menos que el emisario de Satán en su coto privado de caza (Italia), sus conciudadanos pugliesi han considerado que en estos tiempos de crisis su proyecto sigue mereciéndoles la confianza.
Con todo y con eso, la reelección de Vendola me temo que no será el catalizador del cambio de orientación de la política italiana respecto a los derechos LGBT como sí lo fuera el outing de Miquel Iceta en 1999. No es que lo de Iceta sea más que lo de Vendola. Más bien se trata de que la España de 1999 estaba más trabajada que la Italia de 2010. Conviene recordar que cuando Iceta dio la conferencia en España ya se habían aprobado legislaciones de uniones de hecho en numerosos municipios, aprobado leyes de parejas de hecho en algunas Comunidades Autónomas y se había debatido en las Cortes la Ley de Parejas de Hecho (quién no r

Me temo, pues, que Italia llegará a 2011 siguiendo ajena a los cambios sociales en materia de derechos LGBT que ya se han producido en toda Europa Occidental; sin dotarse en consecuencia de una mínima legislación que regule y proteja a las parejas del mismo sexo. Decir que es culpa del Vaticano no sería del todo justo, vamos que suena a escusa, cuando activistas como Vendola arrasan en unas elecciones. Falta una izquierda sin complejos y sobran malos políticos. Respecto al peso de los curas en esta inacción está claro que es relevante. El Vaticano se opone a las legislaciones LGBT con la misma beligerancia que Rita Barberà o Mariano Rajoy lo hacen en España, lo cual para mí no deja de ser asombroso teniendo en cuenta que pese a su supuesto celibato, una gran parte de los
