Las causas de la homofobia de la Iglesia; los movimientos eclesiales: Opus, Kikos, Legionarios y Focolares



El 22 de diciembre de 2008, el emperador jefe del Estado teocrático del Vaticano declaró que “salvar a la humanidad de las conductas homosexuales y transexuales es tan importante como evitar la destrucción de las selvas tropicales”. Una frase que justifica el odio y la persecución de millones de personas homosexuales en todo el Mundo, un llamamiento en pro de la homofobia; pero también una frase desesperada, que no logra disimular el hecho que la cúpula de la Iglesia Católica se encuentra en una guerra agónica para frenar el declive de su cuota de poder en el Mundo, sobre todo en Europa, donde su desprestigio es inexorable. Me explicaré:

A pesar de contar con 1.500 millones de teóricos fieles oficiales, la Iglesia ve como su número de fieles decrece, en parte por las fugas hacia sectas cristianas aún más fascistas conservadoras, pero principalmente por el avance del agnosticismo, el ateísmo y un cristianismo más privado, espiritual y personal, alejado éste de las directrices del hampa tiberina Vaticano, de su doctrina y de sus dogmas. Un ejército de prófugos a los que la Iglesia no quiere renunciar.

Es en ese contexto donde encaja la homofobia que se vierte semanalmente desde todos los hilos de poder de esta “empresa” transnacional Institución. La Iglesia sabe que en esta descapitalización católica, los homosexuales son el grupo más difícil de atraer de vuelta. Pero los mismos homosexuales, sí sirven, en cambio, de perfecto gancho mediático para atraerse a grupos de cierta moralidad conservadora que se han ido alejando de los tentáculos de la Madre Iglesia. ¿Cómo? Pues la clave es vender a éstos como amenaza, como problema, como desviación, como poder corrupto que infecta estados, partidos o empresas. La Iglesia sabe que no es así, pero sacrificar a los homosexuales resulta menos costoso que a otros colectivos. ¿Por qué? Pues porque gays, lesbianas y transexuales son el eslabón más débil de los teóricos “enemigos” de la Iglesia: un colectivo (mal utilizando esta palabra ya que presupone unidad y afinidad) tan heterogéneo como lo es la propia sociedad; con un débil sentimiento de pertenencia y que adolece de una falta de compromiso social en sus propios temas:
sirva este ejemplo; desprovisto además de organizaciones relevantes (salvo en algún país concreto), escaso de lobbies económicos y de grupos de presión determinantes que sean capaces de influir en los principales gobiernos del Planeta, o si me apuras en la ONU o en la UE, en materia de derechos básicos; colectivo que, a su vez, sufre discriminación legal y social en la mayor parte de países del Mundo y que, de forma generalizada, es el colectivo que mayor rechazo social genera en la práctica totalidad de países, especialmente aquellos en donde la propia Iglesia está más implantada.

Pero, ¿a partir de cuándo se recrudece el mensaje homófobo? La guerra fue declarada hace ya unos cuantos años, durante el reinado de Wojtyła (1978 – 2005), aunque se puede considerar como punto de arranque la fecha de 1995 o mejor, de 1998, cuando ya el cardenal Ratzinger, actual emperador jefe teocrático, diseñaba las políticas de choque de este minúsculo Estado que otorgó Mussolini a la Iglesia en 1929. Fue ese mismo año cuando se celebró en Roma el Congreso Internacional de los Movimientos Eclesiales donde se oficializaron las 7 “nuevas órdenes papales” del Siglo XXI, es decir, 7 organizaciones (de entre todas aquellas que asistieron) que recibieron el beneplácito imperial papal para convertirse en los nuevos agentes del Imperio Vaticano en todos los rincones del Planeta.

Se trata de organizaciones, más bien colectivos o sectas, dirigidas por personajes ultraconservadores, tiburones financieros, que en muchos casos gente sin escrúpulos y con un fuerte poder dentro y fuera de la Jerarquía. Organizaciones cuya élite cuenta con una ingente cantidad de recursos económicos, sociales y políticos que se ponen al servicio de los intereses económicos y políticos del Vaticano; pero que también sirven a sus propios intereses, logrando así crear verdaderas redes de influencia en el seno de muchos estados del Globo. Sectas católicas en cuya base se sitúan miles de personas de a pie que constituyen la masa dirigida: familias enteras movidas por el dogma, pero que fácilmente confunden Dios con Institución, consigna con verdadero mensaje cristiano; que actúan como masa acrítica (y tontuna) que no pone en cuestión ni proclamas homófobas, ni de odio, ni de cualquier otra índole estrafalaria (como ésta de limitar los SMS en tiempos de Cuaresma (¡!), procedentes de la Curia Vaticana; masa igualmente fiel, que en Europa se ha visto incrementada por la llegada de inmigrantes extra-continentales. Pero lo que a mi juicio es realmente preocupante no es tanto el número de adeptos, que por ejemplo, en España no alcanzaría ni los 500.000, sino el poder (en sentido lato) del que disponen dichas sectas.

Pero ¿quién narices son? Os relaciono a continuación las 5 más relevantes, según el artículo de Miguel Ángel Sánchez-Vallejo en
El Pais que os recomiendo. Muy instructivo a este respecto:

Opus Dei. Fundado por “San” José María Escrivá de Balaguer en 1928. Tiene 87.000 adeptos en todo el mundo (más de 30.000 en España), de los cuales el 98% son laicos. El 70% de los miembros son supernumerarios (hombres y mujeres casados). El resto corresponde a miembros numerarios (célibes que hacen voto de castidad) y alrededor de 2.000 son sacerdotes pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El Opus Dei está presente en 65 países. El Opus es en España el movimiento más poderoso de los relacionados, tanto económicamente y políticamente, como también en el ámbito de la educación. Respecto a la homosexualidad, la Obra considera ésta como enfermedad. Muchos de sus miembros, profesores de sus escuelas y sacerdotes lo son. Baste con ojear Internet, o con que algún amigo te hable de sus experiencias en su antiguo colegio del Opus, para darse cuenta. En lo tocante a la homofobia del Opus Dei os dejo este artículo de
dosmanzanas.com.

Camino Neocatecumenal (Kikos). Fundado por Kiko Argüello y Carmen Hernández en 1964. Forman parte de este movimiento un millón de miembros repartidos en 120 países. En España son el movimiento más numeroso, con alrededor de 350.000 adeptos. Tienen seminarios propios en seis provincias españolas, y gestionan un total de 72 repartidos por el mundo. Los Kikos pisan de cerca al Opus en lo que a poder se refiere, y lo superan en seguidores. Respecto a la homosexualidad y a las concepciones de esta secta católica, baste leer este reportaje-entrevista a su fundador, Kilo Argüello (¿la reencarnación de Torquemada?), en el
Pais.com

Legionelas Legionarios de Cristo. Esta congregación religiosa de derecho pontificio y de la que forma parte Ana Botella, entre otros, fue fundada en México en 1941 por el Padre Marcial Maciel, personaje bisexual, padre de una hija y pederasta confeso (se sabe que abusó de novicios, hombres y mujeres, en no pocas ocasiones), sin embargo sólo apartado de la Jerarquía en 2006, por lo que muy a pesar de muchos fieles, no podrá ser promovido a la beatificación ¿o sí? Su rama laica, el movimiento de apostolado Regnum Christi, consta de 65.000 miembros repartidos por más de 30 países. Disponen de tres centros de formación propios para sus religiosos (800 sacerdotes y 2.500 seminaristas). Los Legionelas Legionarios fueron los más significados en el boicot de la iniciativa contra la
despenalizacion universal de la homosexualidad en la ONU del pasado diciembre.

Comunión y Liberación, fue fundado en Italia en 1954 por Luigi Giussani, y es un movimiento presente en 70 países, contando con 3.000 miembros en España. Fue reconocido por el Vaticano en 1982. Participan en este grupo religioso sacerdotes diocesanos y un grupo de laicos consagrados (Memores Domini). Por último, Focolares (Obra de María), fue fundado por la italiana Chiara Lubich en 1943y ha acumulado dos millones de adheptos en 182 países (unos 40.000 en España). Tienen dos centros de formación propios en España (ubicados en Girona y en Madrid), llamados mariápolis o ciudades de María. Este último grupo es uno de los que más se ha significado en la lucha contra el matrimonio del mismo sexo, organizando las diferentes manifestaciones que todos recordamos sobre el tema y en las que participó un nutrido grupo de cargos públicos del PP.

Estos son los agentes de vanguardia entre los 1.500 millones de teóricos católicos del Planeta. Son aquellos a los que la Curia encomienda la "explotación protección del hombre” y de su propia Institución. Y es que tal y como dijo el Papa aquel día de diciembre en clara alusión al tema de la homosexualidad, su objetivo es “proteger al hombre de la destrucción de sí mismo (…) Se necesita una suerte de ecología del hombre". Nosotros, gays, lesbianas y transexuales, somos hoy por hoy el peligro más conveniente para el hombre, por lo explicado más arriba. La pregunta es pues sólo una: ¿lograrán fumigarnos en esta suerte de acción ecológica, sino de Europa, tal vez del Tercer Mundo? De momento, y de seguir así, parece que van camino de conseguirlo; los retrocesos generalizados en los derechos LGBT en Sudamérica, Caribe o África, las reservas católicas del Planeta, parecen avalar la tesis… Seguiremos denunciando.

La mozzarella, el queso que viene de la búfala. II parte

Ver la primera parte: ¿Existen búfalos en Europa? Historia de la mozzarella I parte

Cuando Goethe vio por primera vez los búfalos italianos y los calificó de hipopótamos terrestres, seguramente no sabría de la existencia de la mozzarella. Claro está, pues por aquel entonces la mozzarella de búfala era bocatto di cardinali y de pocos más. Y es que como no podía ser de otra manera, los primeros en descubrir el manjar, o al menos eso nos ha llegado a partir de los registros escritos, fueron los de la corte papal (sí, de esas mismas). Historiadores y gastrónomos coinciden en señalar que fue un cocinero del refectorio pontificio, el maestro Scappi, el que hacia 1570 acuñó la fórmula quesera que hoy por hoy se viene usando en los caseificii mozzarelleros. Con todo, no será hasta finales del siglo XVIII cuando la reputación lechera de las búfalas comience a extenderse en la región de Campania, al amparo del dominio borbónico, y de la Real Industria de la Búfala.

El término mozzarella proviene etimológicamente del verbo mozzare (cortar, degollar). Precisamente la forma esférica (o de pelota) de este queso (quizá por ello Alejandro Dumas la llamó huevo de búfalo) se obtiene cortando o degollando la masa láctea cuajada que sale del caldero a 75ºC, siempre con las manos y sin guantes, igual que si fuera arcilla. A esto acto se le llama mozzatura y constituye la última fase, y la más delicada, del proceso artesanal de elaboración de la mozzarella, y es llevada a cabo por los maestros queseros siempre sin ayuda tecnológica alguna, como se hacía hace siglos, lo cual le confiere mayor fama internacional, sí cabe, a este símbolo de Campania.

Pero ¿qué ha sucedido con el queso fresco antes de llegar a las manos del maestro? La leche de las búfalas, ordeñadas dos veces al día con métodos artificiales, circula muy despacio a través de un conducto que transporta el caudal blanco hasta unos contenedores frigoríficos en forma de barrica. Una vez analizada y desprovista de impurezas, el río de leche ocupa unas bañeras para someterse al proceso de coagulación, que requiere un añadido de cuajo líquido, una maduración de cuatro horas y un proceso de desmineralización concebido regularmente para favorecer la solidez de la masa. A continuación, el producto, ya bastante similar al aspecto del requesón, viene sometido a la cocción y a la filatura, es decir, un procedimiento de hilado que se realiza de forma circular con ayuda de una pala de madera y que otorga un aspecto suave y elástico. Es entonces cuando la mozzarella en ciernes pasa a las manos de maestro que le conferirá el característico aspecto de pelota y le dará el toque mágico de la sal de acuerdo con una proporción secreta. Y voilá, lista para comer.

Desgraciadamente para el populacho, la Mozzarella es un bien escaso aunque no de lujo. Será por eso que muchos creen haber probado la mozzarella de búfala y pocos son los que realmente lo han hecho. Las razones son varias. La mozzarella bufalina no está sometida a ningún tratamiento a largo plazo, ni se le añaden conservantes. De hecho, el manjar debe consumirse en un periodo no superior a los cuatro días. Ah, y no le gusta la nevera. Además de esto, la oferta es escasa, sólo unas 105.000 búfalas que producen como máximo 9 litros de leche por cabeza al día (una vaca produce 30 litros diarios). O sea, incluso escaso para abastecer el mercado italiano. Entonces, ¿qué te has comido en el sofisticado restaurante de Barcelona o de Madrid que te ha ofrecido una pelota de mozzarella de búfala? ¿O en la pizza que compré en el supermercado? Pues con certeza te diré que no era mozzarella de búfala, sino un subproducto vacuno, Fior di latte. La práctica de dar gato por liebre, o vaca por búfala, es bastante común, sobre todo, fuera de Italia y en las zonas turísticas del bel paese. Tanto es así que el término búfala se usa en italiano coloquialmente para denominar las imposturas, los engaños y las mentiras, “Ti hanno detto una bufala”, se dice cuando alguien se ha tragado inconscientemente un bulo. Y es que para las empresas de restauración y alimentación comprar fior di latte sale más a cuenta: el kilo de mozzarella auténtica cuesta al por mayor 12€ en Italia, más del doble que la mozzarella de vaca. Será por eso que los productores campanos se propusieron deslegitimizar la competencia desleal, los falsos productores de mozzarella y los resultados más o menos engañosos, creando un consorcio de tutela de la mozzarella campana que agrupa a 136 productores y la Denominación de Origen Protegida D.O.P. Más del 50% de estos productores se agrupan en la región en torno a la ciudad de Aversa, capital mundial de la mozzarella.

En resumen, la mozzarella bufalina es un producto no exactamente prohibitivo, pero sí frecuentado con cierta prudencia en los supermercados o en las queserías especializadas. Hay que vigilar lo que te sirven si te decides a comprarlo. Pero no debes morirte sin haberla probado en las tres soluciones imprescindibles: la pizza en sentido aristocrático (a lo Margheritta de Saboya) –porque la del vulgo se hace con mozzarella de vaca–; la ensalada caprese, que toma su nombre de la isla de Capri, siempre acompañada de tomate; y, naturalmente, sola, completamente sola, como mejor se come y como a mí más me gusta, porque es ahí donde se reconoce el verdadero gusto inconfundible, su textura, la explosión del suero al cortarla, ese sabor genuino de la región del Vesuvio.

La leche de búfala no sólo se emplea para elaborar la mozzarella, también se utiliza para otras variedades de quesos semicurados. Entre ellos, riccotta (como la fotografía) el llamado “caciocavallo” cuya apariencia recuerda la de una botella y granulados tipo parmesano / pamadano.