¡ZAPATAZO CONTRA BUSH!

Hace unas horas, Muntazer al Zaidi, un periodista iraquí de confesión chií, lanzó sus zapatos contra la cabeza del presidente de EEUU, George Bush, al grito de “perro, perro y perro”. Todo ello durante el transcurso de lo que hasta entonces había sido una anodina rueda de prensa de Bush, junto al primer ministro iraquí, al Maliki, en Bagdad. Por supuesto, “el héroe” fue inmediatamente detenido acusado de acto barbárico e ignominioso (supongo que barbárico debido a que los zapatos casi le dan en un ojo al Presidente iraquí que estaba justo al lado).

Juzgar vosotros mismos “la barbarie” del acto en el vídeo que cuelgo: http://www.wikio.es/video/691005. ¿No sufrís cuando el zapato no logra el objetivo?

De momento, se suceden por todo Irak las manifestaciones de apoyo al periodista exigiendo su libertad sin cargos. Su misma cadena de televisión, la independiente Al Baghdadiya, también le ha brindado su apoyo, así como un centenar de jueces dispuestos a defenderlo. Tal vez hayamos asistido al inicio de un movimiento masivo de protesta contra la ocupación de Irak, y a lo mejor el zapatazo no ha sido más que el detonante. O tal vez el episodio no pase de ser una mera anécdota.

Al parecer, según los compañeros de Al Zaidi, éste estaba muy resentido con Bush, y por lo visto ya le tenía ganas... Obviamente, y como no podía ser de otra manera, lo considera responsable último del baño de sangre ocurrido en el país desde la invasión de 2003. Y es que ser iraquí y vivir en aquel país es, hoy por hoy, sinónimo de superviviente. No es para frivolizar el haber sufrido una guerra injusta, con decenas de miles de muertos, que ha destrozado un país donde además han rebrotado todas las divisiones habidas y por haber. Lo que me extraña es que no hayan volado más zapatos a la cara de este individuo.

Sin embargo, Bush logró esquivar el zapatazo... A estas alturas Muntazer al Zaidi ya debería haber sabido que Bush es un experto en el acto de esquivar todo lo que se le venga encima. Supo esquivar hábilmente el sistema electoral de su país y, pese a perder las elecciones con Al Gore, fue proclamado Presidente de EEUU. También esquivó la crisis de las Torres Gemelas, yéndose de vacaciones; y posteriormente, esquivó la legalidad vigente, a la ONU y a la UE con la Declaración de las Azores y la consecuente invasión de Irak; por último, tras dejar miles de muertos en Irak y todo el sistema financiero hecho unos zorros, ha conseguido nuevamente esquivar los problemas y se los ha endosado a Obama para que aplique la fontanería.

En fin, a falta de zapatos más certeros que los de este periodista, la esperanza que nos queda es que algún juez avezado, por ejemplo un Garzón, se atreva a llevar a este sujeto y a otros por el estilo, al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que es donde deben ser juzgados el genocidio y los crímenes contra la humanidad. Y si finalmente él, y los cerebros de sus políticas (porque ya sabemos que él de eso no gasta) fuesen condenados por genocidio, uno esperaría que se les aplicase la misma pena que ellos hubiesen empleado en estos casos, a saber: pour ovrir l’apetit, una tortura a la Guantánamo, durante varios meses o tal vez años; posteriormente una larga prisión en celdas de 1x1 metro y ya como plato fuerte, la pena que se practica en estos casos en el Estado de Texas (...), Estado del que Bush es residente y en donde fuera Gobernador durante años.
Desgraciadamente, como demócrata y buen hijo que soy, debo tener en cuenta las palabras de mi padre: “la muerte no se le desea a nadie”. Por ello creo que la mayoría nos conformaríamos con que Bush, su equipo, y los que firmaron la Declaración de las Azores, hicieran trabajos en provecho de la comunidad. Se me ocurre uno, de alto interés para la ciencia, que recibiría un apoyo unánime: que comandasen la primera misión tripulada a Marte; por supuesto, con combustible sólo para la ida. Esta misión nos haría a todos muy felices y al menos serviría para enmendar en parte los muertos, las fechorías y las canalladas de esta gente que siempre logran permanecer impunes. Y para que la felicidad fuera completa, desearíamos que la nave espacial que se los llevara hiciera escala en el Planeta Vaticano, esa remora que viaja parasitando a la Tierra, y recogiese allí a sus mil habitantes censados que, para ser sólo mil, mira que dan por saco.